Gritando a través de la escritura ðŸ˜±

Esta fue una semana de aquellas. ¿De aquellas? Sí, de aquellas en las que las cosas no salieron como lo esperaba 😥 De aquellas en las que tengo miles de pensamientos dando vueltas por mi mente, a toda velocidad, como si formaran un torbellino. De aquellas en las que mi piel se torna de color verde intenso. Si no lo has hecho aún, te invito a leer mi post Hulk vino a visitarme donde cuento cómo siento en mi cuerpo el mal humor, y como el Mindfulness nos puede ayudar a recobrar la calma en esas ocasiones.

Sin embargo, esta vez decidí no seguir mis propios consejos. Al menos, no inmediatamente. Con el costo de estar en contacto cercano con mi síndrome del impostor, decidí probar quedarme varios días con esta sensación incómoda en el pecho. Sin examinar ni tratar. Fue algo así como invitar al malestar a tomar una tacita de café a mi casa y sin horario de salida, misma doña Florinda al profesor Jirafales y ver qué podía pasar (si quieres reírte un ratito, aquí te dejo un link a un episodio del Chavo del Ocho, donde el invitado -inesperadamente- termina siendo Don Ramón 🤣) Esto funcionaría como un experimento. 

Viendo las cosas en retrospectiva, pienso que comencé a transitar rápidamente por las conocidas cinco etapas del duelo de Elisabeth Kübler-Ross, las que no ocurren necesariamente  en este orden: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Si tomamos en cuenta que los grandes cambios en nuestras vidas también pueden ser considerados como una especie de muerte, tomarnos un tiempo para sentir nuestro duelo suena razonable y muchas veces no lo hacemos. Solo nos conformamos con ponernos una curita imaginaria para tapar la herida y seguir adelante. Esta curita puede tomar la forma de trabajar hasta altas horas de la noche, una maratón de Netflix, comida y/o licor en exceso, entre otras salidas. 

Esta semana tenía planeado publicar un post sobre hábitos saludables, pero eso puede esperar para otra semana 😉 Había estado tan sumida en mi rabia, dolor y frustración que las palabras no iban a fluir para poder transmitir mi mensaje adecuadamente. Al conversar de este tema con mi esposo, él me hizo conectar con algo que había ignorado durante estos días: la gratitud. El solo hecho de poder respirar es un motivo súper poderoso para estar agradecido. Tener qué comer cada día y una cama donde dormir. Poder abrazar a nuestros seres queridos, leer uno o más libros que nos encanten o hasta tener acceso a HBO y ver una maratón de Game of Thrones. Podemos agradecer desde lo más pequeño hasta lo más trascendente para nosotros. Escribir una lista de estas cosas al final de cada día nos llena el corazón y nos energiza para superar cualquier obstáculo. ¡Qué paso tan importante es poder transformar esas emociones incómodas en gratitud!

Por otra parte, necesitaba un empujoncito para conectar con la creatividad y comenzar a escribir este post. Para ello, recurrí a los Oráculos del Arte. ¿Qué es eso? 🤔 Pues, no es la esotérica baraja española con los clásicos oros, bastos, espadas o copas. En su lugar, encontrarás imágenes de Leonardo Da Vinci, Miguel Angel, Van Gogh, entre otros representantes del mundo del arte. Elegí una carta al azar y me tocó la de Edvard Munch. Una de las recomendaciones de la carta decía “Grita en un lienzo, no en una almohada”. Me dio curiosidad e investigué más sobre él en la fuente del saber: Wikipedia. Este pintor noruego exploraba emociones como la soledad y la angustia y las expresaba en sus obras. La más conocida de ellas se llama “El grito”. Si utilizas este conocido emoji 😱 podrás reconocerla. Munch cuenta que una vez saliendo con unos amigos, de pronto lo embargó la tristeza y pudo oír un grito interminable de fondo. Todo lo que vivió y sintió lo plasmó en su pintura. El resto es historia.

Ahora que han pasado algunos días y con el apoyo de mi práctica de meditación e introspección, ya puedo ver el aprendizaje con más claridad y me siento lista volcar todas mis emociones a través de la escritura.

¡Que tengas una buena semana!

Un abrazo virtual,

Piliri

“La naturaleza no es solo aquello que es visible a los ojos… incluye las imágenes internas del alma.”

Edvard Munch

 

 

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