Retiro de Mindfulness: el sonido del silencio

Silencio. Ocho letras que forman una palabra que aunque es relativamente corta, puede llegar a ser muy potente. También me hace recordar a esos carteles que solían colgar en las clínicas donde había una enfermera que ponía el dedo sobre sus labios en señal de silencio 🤫. De igual manera, recuerdo carteles de similar mensaje en la biblioteca de la Universidad. En el primer caso, el pedido de silencio era para no interrumpir el descanso de los pacientes internados en la clínica. Mientras que en el segundo, para que contribuya a la concentración en la lectura 📖 de los estudiantes, especialmente durante la época de exámenes. Siento que actualmente estamos desacostumbrados a estar voluntariamente en silencio y sintiéndonos cómodos con ello. Hace una semana (y un día para ser exacta) desde que volví de un retiro de silencio, organizado por el equipo de Mindfulness Perú. En este post, te comparto mi experiencia tras haber estado casi cuatro días sin hablar 🙊 en la calurosa ciudad de la selva peruana: Tarapoto.

Reflexionemos juntos un poquito. El trabajo, los estudios, la familia y las distintas obligaciones hacen que nuestro día a día vaya prácticamente en “piloto automático”. Mientras tanto nos puede acompañar una especie de “fondo musical” proveniente -por ejemplo- de algún programa de televisión o serie de Netflix, videos en YouTube o playlist en Spotify. Pero, hay un tipo de fondo musical que nos ha acompañado toda la vida y es la voz de nuestros propios pensamientos. Ahondaré sobre este último punto más adelante.

Durante esos cuatro días estuve alojada en una cabaña en un hotel muy cerca de la rivera del Río Shilcayo. Es una zona que podríamos llamar selva urbana. Ni tan cerca de la ciudad, ni tan lejos de ella. Pero, lo suficiente como para no tener señal de celular. No había pasado una hora desde que llegué y ya habían comenzado los aprendizajes. Para poder llegar al hotel tenía que cruzar un puente colgante 😱 Eso siempre me había dado muchísimo miedo, pero con el apoyo de uno de los chicos del grupo lo pude hacer. Cualquier momento es bueno para practicar vencer nuestros propios miedos 💪🏻

¿Y cuál sería la agenda de nuestro retiro? Pues, esta sería totalmente desconocida para todos. Iríamos descubriéndola gradualmente por medio de un cartel. El objetivo era enfocarnos en nosotros mismos, al ceder el control de las actividades a alguien más. Un detalle importante es que no había traído reloj ⏰, así que no tendría mucha sensación del paso del tiempo.

Es importante mencionar algunas reglas, ya que andaríamos también en una especie de “detox digital“: sin celular, iPad, televisor ni música. ¿Libros? Tampoco. ¿Escribir? Nada. Sola con mi soledad. Sola con mis pensamientos. Ojo, nadie te prohíbe nada. Es más, nadie puede ver ni supervisarte en tu cuarto. Este es un trato con uno mismo y depende solo de uno mismo ver cómo este “experimento” funciona en ti.

Antes de contarte algunas de las maravillosas actividades que realizamos de manera consciente, déjame ponerte un poco en contexto desde mi perspectiva de persona de ciudad. Hacía calor. Mucho calor. Especialmente para alguien que no está acostumbrado a climas extremos: mi propio “termostato interno” me indicó unos treinta y cinco grados aproximadamente. Miles de “bichitos” volaban por todos lados y hacían de las suyas con mi piel, a pesar del repelente de insectos. El camino era una trocha bastante irregular y con barro (me resbalé tres veces). Por momentos, nos acompañaban los truenos de fondo hasta que el último día llovió -como si hubieran abierto en el cielo literalmente la ducha- por varias horas. Sé que suena incómodo, por decir lo menos. Pero, valió cada gota de sudor. Valió cada ronchita. Valió todo el barro en mis zapatillas. Valió completamente el esfuerzo realizado.

Meditamos y mucho. Meditaciones guiadas y en silencio. Entre quince minutos y media hora por vez. Sentada en un cojín o en un banquito. Yo no era muy fanática de este último accesorio. Casi siempre lo evitaba -en el pasado- porque la postura me adormecía las piernas. Pero decidí probar y me di cuenta de que me ayuda mucho a mantener la espalda recta. Ahí va otro aprendizaje ✅

Practicamos hatha yoga 🧘🏻‍♀️ Me ayudó mucho a conectar con mi cuerpo. Sin tener que ir a mi cien por ciento. Y estuvo bien. No tiene que ser perfecto. Solo realizar las posturas de manera presente.

Hicimos caminatas conscientes. Caminaba sintiendo el movimiento de cada paso. Sin apuro. Sin destino fijo. Durante la caminata individual pude activar mi “modo observador” y maravillarme de la naturaleza en todo su esplendor: las hormigas 🐜 mientras cargaban su alimento hasta un túnel, las mariposas volando con libertad 🦋, los gusanos moviéndose elegantemente 🐛 y hasta una lagartija 🦎 que era mi compañera de cabaña. Creo que -en condiciones normales- me hubiese asustado y las hubiese intentado ahuyentar. Pero, yo sólo estaba de visita en “su” casa, en plena naturaleza, así que tendríamos que convivir amablemente. Siguiente aprendizaje ✅

Nadamos en el río. No recuerdo la última vez que lo hice antes. Pero esta debe haber sido la primera vez que lo disfrute tanto. En silencio. Sintiendo todo a mi alrededor. Por momentos siendo Uno con todo. Hasta pude sentir a un cardumen 🐟 🐟 🐟 que con curiosidad me daban unos pequeños toquecitos en las piernas. Me encantó sentir el fluir del agua y no podía evitar pensar en el paso de la vida. Pensé en que es una elección completamente nuestra, la forma cómo queremos vivirla. Más aprendizaje ✅

Comimos de manera consciente y vegetariana. Cuando comes de esta manera, lo haces más despacio y así sientes los sabores de cada ingrediente. ¡Probé unas combinaciones buenísimas con quinua! Además, te sientes satisfecho más rápidamente -e incluso ligero- como para continuar tranquilamente a tu próxima actividad (y sin que me diera sueño 💤)

Es importante mencionar que la selva no es para nada silenciosa. El “fondo musical” que nos acompañaba iba variando según el día y la hora en que nos encontrábamos. Era una combinación entre los cantos de las aves, grillos y otros sonidos de origen desconocido 🤔 Adicionalmente, con un volumen más alto, aparecía nuevamente la voz de mis pensamientos 💭. A veces, la voz es muy crítica. Otras veces, amable. A veces, la voz busca explicaciones sobre eventos del pasado. Otras veces, planea mi futuro. Poco a poco, el volumen de la voz fue bajando. La meditación me ayuda mucho. Debo confesar que ese fue el gran reto de mi retiro.

Durante el cuarto día volvimos a usar nuestra voz. Poquito a poco. De menos a más. Pude -por fin- conversar con mis compañeros y entre todos compartimos nuestras experiencias y aprendizajes. Es increíble como -sin hablarnos y casi sin interactuar- sentíamos un nivel de conexión muy especial. El sentimiento de gratitud era generalizado y así fue que nos despedimos.

Volví a Lima y a la vorágine del día a día. Pero, no dejo que me consuma. La voz sigue ahí. Me acompaña a donde voy. Me cuida. Me ayuda a mantenerme organizada con un checklist y que nada se me olvide. El volumen de la voz es generalmente moderado. Intento fluir con ella por medio de la meditación y así puedo encontrar momentos de paz y calma.

A continuación, te resumo mis cinco recomendaciones tras haber llevado este retiro de silencio:

  1. No tienes que irte fuera de la ciudad para tener un retiro. Si pudieras, es genial ☺️ Sino existen algunos retiros urbanos tipo full-day. Puedes explorar algunos eventos de Facebook. También puedes probar tu propia versión de retiro de Mindfulness “hecho en casa”. Sólo pídele a las personas que viven contigo que te apoyen con este experimento.
  2. Puedes hacer un “detox digital” durante el fin de semana. Eso sí, avísale a alguien donde pueda encontrarte en caso de emergencia. Revive cómo se vivía durante inicios de los noventa y aún no existía ninguna de las maravillas tecnológicas que usamos diariamente. Recordemos que podemos usar la tecnología con moderación y estará bien 👍🏻
  3. Haz caminatas conscientes. Lo puedes hacer después de almorzar. Si tienes algún parque cerca de tu oficina sería genial. Sino podrías intentar hacerlo en casa. Camina alrededor de tu cama o por el pasillo varias veces. Te sorprenderá 😮
  4. Prueba comer de manera consciente, utilizando tus sentidos. Si no puedes porque estás acompañado, al menos intenta saborear los primeros bocados. Puedes aprovechar también en aplicar la escucha activa con quien estés compartiendo la comida.
  5. Sé amable contigo mismo y con tu proceso. Cuando estás meditando, tu propia versión de “la voz” puede aparecer sin invitación alguna. Puedes decirle algo así: “Muchas gracias por tu preocupación. Te atenderé luego.” Luego, regresa a tu respiración. Puedes repetir este paso tantas veces sea necesario y volver a tu meditación.

¿Te animas a probarlo? 😉

Un abrazo virtual,

Piliri

“Es el viaje y no el arribo el que importa.”

T.S. Eliot

3 comentarios sobre “Retiro de Mindfulness: el sonido del silencio

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    1. Gracias Katia! Fue una linda experiencia y la súper recomiendo. Estoy segura de que si lo volviera a hacer, seguirían llegando los aprendizajes ☺️

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