¿Navidad en Octubre? ðŸ¤”

 🎵 ¡Feliz navidad! ¡Feliz navidad! ¡Feliz navidad! ¡Próspero año y felicidad! 🎵 

Este es el coro del villancico que está sonando en mi mente mientras escribo este post. Particularmente, la versión de Los Toribianitos es la que me transporta automáticamente a esa época del año en la que el pavo toma un rol protagónico en la cena familiar, la decoración comienza a tornarse roja y verde, aparece un gordito bonachón de barba blanca y los centros comerciales se llenan de compradores en busca de regalos. Pero, no te preocupes. Todavía faltan 65 días para la Navidad 🎅🏻, así que todavía estás a tiempo de planificar. Te preguntarás por qué me puse en modo Navidad”. Lo que pasa es que el sábado pasado fui al taller de aniversario de SK Crochet & Bordados y el proyecto que desarrollamos fue un bordado navideño. En este post te cuento mi reciente experiencia con el bordado y cómo puede ser una conexión con el momento presente.

Antes de proseguir con mi relato -y si es la primera vez que entras a mi blog– te cuento que hasta hace un par de años sentía que en la “repartición de talentos” simplemente no me había tocado la habilidad manual. Esta creencia hizo que hasta cierto punto me sintiera limitada y resignada con esa realidad que me tocó vivir. Suena medio dramático y condenatorio, ¿no? Pero, a veces nuestra propia mente es la única que nos detiene. Este tema lo exploré en mis posts Creatividad vs Miedo: ¿quién ganará? y Manos a la obra por si quieres darles una mirada luego 😉

Volviendo a lo nuestro, ¡ay! el bordado (puedes incluir tu mejor sonido de suspiro aquí). Trataba de hacer memoria sobre mi primera experiencia con el bordado. Creo que fue durante la primaria y tendría unos 10 u 11 años. La tarea (o mejor dicho el reto) era hacer un individual de yute con un bordado en punto cruz 😱 Por supuesto, en esa época, una terrible inseguridad me embargaba y terminaba rindiéndome: pidiéndole ayuda a mi mamá para poderlo terminar. La buena noticia es que esta “condición” es completamente reversible ☺️. Por eso, los últimos años -consciente e inconscientemente y con el corazón abierto- he venido buscando experiencias que me ayuden a sanar esta partecita de mí.

Una de mis experiencias más recientes fue el taller de bordado. Shirley, nuestra profesora, nos enseñó con dulzura y mucha paciencia los distintos puntos que aplicaríamos en nuestro proyecto. Practicamos y practicamos en una telita que era el equivalente a una “hoja borrador”. Cuando nos tocó elegir el modelo a trabajar, sólo pensé en el que me gustaba más. No había caído en cuenta que ese era el más laborioso de los dos. Eso no importó. Pasito a pasito se llega lejos, así comencé a dar las primeras puntadas. Al principio con algo de miedo, luego muy concentrada y presente.

La clase terminó y el proyecto tuvo que quedar en pausa hasta el día siguiente. En el pasado, tal vez hubiera dejado el bordado en el cajón del olvido. Pero, me era imposible. Estaba determinada a probar que esta vez sería diferente. Daba una puntada y respiraba. La siguiente igual. Hasta que poco a poco comenzó a fluir. Libre de expectativas. Libre de presión. Libre de vergüenza. Me sentía tan empoderada que sólo quería ver mi trabajo terminado y lo logré 💪🏻. Eso sí, invertí varias horas en ello y valió la alegría (recuerda el poder que tienen nuestras palabras, así que evitemos usar la palabra “pena” para no invocarla 🧐) – esta es una iniciativa de Catherina, mi profesora de yoga.

Siendo honesta, al principio le veía algunos defectos. Ahí es donde sale mi lado perfeccionista. Luego, rápidamente me di cuenta de algo y fue cuando lo pude ver hermoso. Pensé en que ahora sí iba a poder bordar las iniciales de mis futuros hijos en sus polos y en sus medias. Puede sonar medio tonto para algunos, pero para mí es muy importante. Por mucho tiempo, pensé que era algo que jamás podría hacer por mi misma y me conmueve hasta las lágrimas de sólo imaginarlo. Ahora sólo me queda planchar la tela un poquito, enmarcar el trabajo y empacarlo para regalo 🎁

En esta oportunidad tengo dos propuestas para ti:

  1. ¿Hay algo que siempre has querido hacer y tu mismo te has puesto la barrera? Te invito a intentarlo. Tal vez te sorprendan los resultados 😉
  2. ¿Te animas a regalar esta Navidad algo hecho por ti? Tal vez podrías cocinar un plato especial (y saludable de ser posible) para la cena del 24. Tienes tiempo para ir practicando o probando alguna receta.

Cuéntame en los comentarios de este post o en Facebook qué te parece y si te animas por alguna de las dos propuestas ☺️

Un abrazo virtual,

Piliri

“Todo parece imposible hasta que se hace.”

Nelson Mandela

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