Gracias a la vida que me ha dado tanto…

Hace varias semanas que no puedo sacar de mi mente esta canción en la voz de Mercedes Sosa. Era muy niña la primera vez que la oí en casa. Hoy -a mis treinta y ocho años- la siento más presente que nunca. Me moría de ganas de escribir al respecto, aunque debo confesar que me ha costado mucho. Me andaba preguntando por qué no podía sintonizar con la inspiración. Creo que es porque la gratitud es un tema que sigo trabajando actualmente y no me está siendo nada fácil.

“Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio dos luceros, que cuando los abro,
Perfecto distingo lo negro del blanco
Y en el alto cielo su fondo estrellado
Y en las multitudes el hombre que yo amo…”

Violeta Parra

“Tienes que dar gracias a Dios por todas las bendiciones que recibes” – solía oír siempre de las tías mayores. Durante años, renegué muchísimo al respecto, especialmente en mis momentos más oscuros y de estrés: ¡Cómo puedo agradecer si voy a cientos de entrevistas y no encuentro el trabajo de mis sueños! ¡Cómo puedo agradecer si mis relaciones amorosas nunca funcionan! ¡Cómo puedo agradecer si no consigo mantenerme en el peso ideal! ¡Cómo puedo agradecer cuando no me salen las cosas como quiero! ¡Cómo puedo agradecer si no lo siento genuinamente!

Inhala y exhala conmigo. Volvamos al aquí y ahora. Me disculpo por este momento de catarsis, pero necesitaba traer esos momentos al presente para conectar con mis emociones y poder transmitirte lo que sentí en esos momentos. Tal vez alguna de aquellas frases resonó contigo y quiero proponerte una alternativa para cambiarles el enfoque.

Hace poco estuve leyendo “El Efecto Gratitud” de John F. Demartini. Una de las principales premisas del libro es que necesitamos crear un balance en nuestras vidas. Para ello, debemos agradecer lo bueno y también lo malo que nos ocurre. Esto implica agradecer por lo aprendido de una experiencia desagradable. Sugiere enfocarnos más en lo que tenemos y menos en lo que creemos nos hace falta.

Recuerdo claramente el año 2003. Estaba recién egresada de la Universidad y no encontraba trabajo. Fui a muchísimas entrevistas donde me decían que era muy buena, pero que no era el perfil que andaban buscando. Estuve muy deprimida y me sentí desvalorizada. Eso sí, no paraba de buscar trabajo. En paralelo, decidí inscribirme a clases de francés, idioma que siempre había querido aprender desde que veía los cortos de Looney Tunes con Pepe le Pew.

En este escenario, mi mamá me invitó a viajar a visitar a mi tía Martha a Estados Unidos. Ella emigró a finales de los ochenta y no la habíamos visto más que una sola vez, cuando vino de visita a Lima a inicios de los noventa. Ella era la menor de mis tías y éramos muy cercanas cuando yo era niña. Mi mamá me dijo que tendríamos que compartir entre las dos un presupuesto limitado. Volaríamos ocho horas y media desde Lima, Perú hasta Los Angeles, California.

El camino hasta San Antonio en Texas lo hicimos por bus. Esa vez ni se nos ocurrió llevar una manta para abrigarnos. Nuestra falta de experiencia viajando por tierra nos llevó a compensar el gélido aire acondicionado del bus con una cálida conversación madre-hija. Tuvimos que hacer algunas paradas en estaciones de servicio y tiendas de carretera. Cruzamos distintos paisajes en cuatro estados: California, Arizona, Nuevo México y Texas. Como buenas peruanas desconfiadas, verificábamos con temor en cada parada que nadie se hubiera llevado nuestras maletas. Fue toda una aventura para nosotras que en total sumó veintiocho horas. Finalmente, la enorme sonrisa desplegada sobre el bronceado y redondo rostro de mi tía Martha hizo que valiera la pena todo.

Hoy, puedo ver las cosas en retrospectiva y sólo puedo sentir gratitud por ese año 2013, el cual solía lamentar. Agradezco ese período de desempleo porque me dio una cuota de humildad, esa que me hizo valorar cada trabajo que tuve desde entonces. Agradezco el tiempo que tuve para poder aprender el idioma que siempre había soñado. Agradezco el enorme sacrificio que hicieron mis papás en ese momento para poder animarme y llevarme en un viaje que no estaba programado ni presupuestado. Y agradezco sobre todo el haber tenido la oportunidad de ver a mi tía Martha una última vez, antes de que ella se fuera de este mundo. Quiero pensar que ella hubiera estado muy feliz en ver la mujer que soy ahora.

Como parte del taller de Escritura Terapéutica que llevo actualmente en Machucabotones, estuve escribiendo cinco razones por las que estuve agradecida cada mañana. Aquí te comparto -a modo de inspiración- algunas que escribí durante la última semana:

  1. Gracias por haber podido abrir mis ojitos al despertarme.
  2. Gracias porque puedo meditar, lo que permite calmar mi Hulk interno.
  3. Gracias por el mejor abrazo de reencuentro.
  4. Gracias por los amigos que están en el momento en que se les necesita.
  5. Gracias por mi familia y mi novio que me apoyan siempre.

Te invito a darle una nueva perspectiva a las cosas, especialmente cuando creas que todo va mal. Como ves, siempre hay una razón por qué agradecer. ¿Cuál es la tuya?

¡Gracias por tomarte el tiempo de leer mi blog!

Un abrazo virtual,

Piliri

“El Efecto Gratitud es tener la sabiduría de ver el orden oculto en el caos aparente de los acontecimientos de la vida y dar las gracias cuando están sucediendo.”

John F. Demartini

6 comentarios sobre “Gracias a la vida que me ha dado tanto…

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  1. Querida Pily, fue un regalo del cielo leer este post tuyo, justo hoy, en el que me invadió una especie “nube gris” y desánimo por encontrarme en el peliagudo proceso de búsqueda de trabajo y de adecuación a mis metas de vida. Hace unas horas sentía ganas de llorar pero, al leer tu post, comencé a recobrar la calma y, por supuesto, la gratitud. No sé qué es lo que me depare el destino pero, de lo que sí estoy segura, es de que no dejaré de tomar aliento, levantarme y pisar con pie más firme mi camino, todas las veces que sean necesarias y estoy segura, en el fondo de mi corazón, de que Dios me guiará amorosamente hacia aquello que me haga inmensamente feliz y realizada. Un abrazo grande. Bendiciones 😘

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    1. Querida Claudia, te mando mucha fuerza en estos momentos. Como dicen los budistas: “todo pasa” y estoy segura que esto también lo hará. Aprovecha este tiempo para conectarte contigo misma y estar abierta a encontrar lo que buscas. Un abrazo virtual.

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