Querido diario…

Domingo, 26 de agosto de 2018

Querido diario,

Perdóname por haberte tenido un poquito abandonado últimamente. En realidad, pensándolo bien, creo que hace como veinte años que no pasamos tiempo juntos. Bueno, hoy te prometo solemnemente que voy a compensarte y con creces. Seguramente, te debes andar preguntando qué me ha pasado.🤔 Pues te tengo una sorpresa. Hace algunas semanas comencé un curso de escritura expresiva en un lugar fantástico que se llama Machucabotones. ¿Quieres saber de qué se trata? Pues, aquí te cuento.

En primer lugar, retrocedamos juntos en el tiempo. Estamos en una quieta noche de enero de este año. Salí a tomar un café con Janeth. Ella es una muy buena amiga, que conocí durante mi camino de búsqueda, y con la que siento que puedo conversar sobre cualquier tema con mucha libertad. Mientras nos poníamos al día sobre nuestras respectivas novedades, le conté que me andaba dando vueltas en la cabeza la necesidad de explorar mi lado creativo. “Mi intuición me dice que podría escribir, pero no se me ocurre cómo empezar” – le confesé con la mirada baja y cierto tono de vergüenza. Ella -con una gran sonrisa en el rostro- me comentó que tenía varios datos para compartirme y me los envió esa misma noche. Uno de ellos era Machucabotones e hicimos click instantáneamente.

Bueno, debo decir que me tomé mi tiempo para dar el siguiente paso. Sentía miedo y eso a veces me paraliza. Yo era campeona inventando excusas: “está lejos”, “el horario no me acomoda”, “termino cansada al final del día” y un gran etcétera. Seis meses tuvieron que pasar hasta que me armé de valor y les mandé un correo pidiendo informes. Con mucha curiosidad, rápidamente me matriculé en un curso de introducción a la escritura expresiva que se llama “Como me da la gana“.

Desde el primer día de clase, me sentí bienvenida. Los profesores, César y Leslie, me recibieron con mucho entusiasmo y sonrisas en sus rostros. Como si fuésemos viejos amigos. El ambiente era sumamente acogedor, rodeados de libros, lapiceros de colores y hasta te piden que te saques los zapatos. Todo eso me hizo sentir como en casa. Las caras nuevas de mis compañeros. Todos de distintas edades, profesiones, estilos de vida. ¿Qué teníamos en común? Los nervios de la primera clase y nuestro deseo de explorar la escritura. Creo que yo sentía un poco de vergüenza porque sabía que todos íbamos a tener que leer nuestros escritos en voz alta 😱 Pero, mis nervios se comenzaron a desvanecer tan pronto nos explicaron que los ejercicios que haríamos en clase debíamos tomarlos como un juego.

En el momento que puse la punta del lapicero sobre el papel, las palabras mágicamente comenzaron a aparecer en la hoja. Una tras otra. Sin detenerme. Sin criticarme ni censurarme. Fluyendo. Sintiendo mis emociones y escuchando lo que mi corazón quería decir en ese momento. Ocho minutos después -y a pesar de un fuerte dolor de mano- me sentí aliviada y sobre todo plenamente feliz. ¡El tiempo había pasado volando! Cuando llegó el momento de compartir mi texto con el grupo me sentí muy cómoda y sobre todo acogida. Nadie me juzgaba con dureza. Los comentarios eran positivos y constructivos. Confirmé que había llegado al sitio correcto.

Desde entonces, he estado recolectando los pensamientos que aparecen en mis momentos de inspiración durante el día. Luego, los transformo en unas cuantas líneas o párrafos. Algunas veces son pasajes de mi vida cotidiana. Otras veces resultan en profundas reflexiones sobre mi vida pasada, presente y futura. De esa forma, resulta siendo un proceso de autoconocimiento.

Escribir ha resultado ser liberador y sanador para mi. Antes sentía que yo era como una hoja de papel cuadriculada: limitada, contenida y temerosa de salir del espacio. Hoy, las lineas se han comenzado a desvanecer y me estoy transformando en una hermosa hoja en blanco: ilimitada, con potencial de llenarla de cosas maravillosas. ¡El cielo es el límite!

Espero que este post te inspire a explorar tu creatividad a través de la escritura. Recuerda que no hay casualidades. Todo llega en el momento perfecto. Tal vez hoy este sea el tuyo.

Hasta un próximo encuentro al estilo de “querido diario”.

Un abrazo virtual,

Piliri


P.D. Esta semana he comenzado a incluir en las historias de Instagram el hashtag: #RetoDeGratitud. Todos los días estoy escribiendo una razón por la que me siento agradecida. Hoy domingo tengo tres razones:

Gracias Janeth por tu amistad. Gracias Machucabotones por sus enseñanzas. Gracias Renzo por siempre apoyarme en esta aventura. 


“La escritura es la pintura de la voz”.

Voltaire

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